
Son demasiadas las veces en las que, al acudir una mujer a un consultorio gine, ya sea buscando calmar algún síntoma, un método anticonceptivo, asesoramiento para lograr un embarazo o cuidados durante un embarazo, su cuerpo se convierte en territorio de intervención.
Una intervención implica que alguien ejerce poder sobre unx otrx. En este caso, unx profesional de la salud ejerce poder sobre una mujer, a través de su sexualidad. Todo esto disfrazado de salud, cuidado, asistencia. Todo esto invisibilizado, subestimado, naturalizado.
En este artículo quiero describir algunos ejemplos (algunos pocos de los tantísimos que hay) de cómo la medicalización de la sexualidad de las mujeres es una forma más de violencia de género. Es posible que hayas vivido en cuerpo propio alguno (o varios) de estos ejemplos. Si es así, te abrazo y te recomiendo ir leyendo con pausas para suspirar.
Anticoncepción que daña nuestra salud
Las pastillas anticonceptivas tienen una narrativa de liberación feminista porque les dieron a las mujeres la posibilidad de separar el sexo de la maternidad. Sin embargo, luego de constatar sus efectos nocivos sobre nuestra salud integral, esta narrativa emancipadora ya no debería justificarlas.
Aun así, hace décadas que se prescriben de forma sistemática. No solo como método anticonceptivo, sino como “remedio” para tratar una enorme cantidad de síntomas (que tapan en lugar de resolver), o simplemente “por las dudas. Total, son inofensivas”. Pues no, miciela: las pastillas no son inofensivas.
Para cumplir su función anticonceptiva, los métodos “hormonales” (que yo prefiero llamar “farmacológicos”), anulan intencionalmente la ovulación, espesan el moco cervical, reducen el endometrio y dificultan la motilidad tubaria. Además, como las hormonas se encargan de mucho más que la fertilidad, estos fármacos afectan muchas otras funciones de nuestra salud integral. Basta con una lectura rápida de cualquier prospecto para constatarlo.
En ese sentido son lo que llamamos “disruptores endócrinos”: disrumpen el sistema endócrino. Y los disruptores endócrinos son un factor principal de la crisis de fertilidad que venimos viviendo hace varias décadas. Y sí, pasa lo mismo con todos los métodos hormonales.
Honestamente, me resulta desesperante que sigamos subestimando, normalizando y creando políticas públicas basadas en este nivel de violencia sistemática y profunda sobre nuestra salud y sexualidad. Décadas de formación universitaria, feminismo y terapia, pero seguimos cediendo nuestro cuerpo, salud y placer “porque me las mandó el gine”. Basta, porfa.
Anticoncepción y desigualdad
Otro aspecto de los anticonceptivos farmacológicos que los configura como violencia de género es que todos intervienen sobre el cuerpo (y por lo general también la billetera) de la mujer: pastillas, parche, anillo, implante, inyección, DIU.
Se supone que esta variedad le da a cada mujer la libertad de elegir el que mejor le convenga. Pero poder elegir entre opciones que dañan nuestra salud… huele más a trampa que a libertad, ¿no les parece?
La evidencia más clara de esta desigualdad saltó a la vista cuando interrumpieron el desarrollo de métodos anticonceptivos farmacológicos para varones, que funcionarían frenando la producción de espermatozoides. El motivo para interrumpirlos fueron sus efectos secundarios, que obviamente eran prácticamente los mismos que los de los anticonceptivos que hace décadas se les recetan sin ninguna alarma a las mujeres. Sí, caete de culo.
Y tú me dirás: “bueno, pero necesitamos métodos anticonceptivos”. Sí, claro, re. Pero el hecho de que nos hayan hecho creer que no existen métodos anticonceptivos seguros que sí cuidan nuestra salud también es violencia de género.
El parto como catarata de intervenciones
Parir es un proceso sexual por al menos tres razones: involucra activamente los órganos sexuales principales de la mujer: útero, vagina y vulva; es la culminación de un proceso que comenzó con un acto sexual; y requiere el mismo estado neurológico que el goce: la inhibición del pensamiento racional y la entrega al cuerpo.
También es un proceso fisiológico. Esto significa que, al igual que respirar, reír y digerir, es parte de la sabiduría propia del cuerpo. No es algo que se aprende, es algo que el cuerpo simplemente sabe. Que sea un proceso fisiológico también significa que no está “diseñado” en su naturaleza para ser un proceso doloroso y mucho menos traumático. Sin embargo… creo que no se necesitan palabras para describir lo lejos que estamos de esta realidad.
Ojo. No siempre fue así y tampoco es que a las mujeres se nos haya apagado el interruptor de saber parir. El parto como experiencia traumática es justamente consecuencia de siglos de intervención que nos fueron desconectando de la sabiduría corporal.
La instauración del parto en camilla, que reprime el movimiento espontáneo del cuerpo para que el médico esté más cómodo. La expulsión de las parteras como guardianas de los partos fisiológicos y la transformación del parto en evento patológico, que debe suceder en un hospital bajo el control de un varón de túnica blanca. Hasta la catarata de intervenciones naturalizadas en los partos del siglo XXI: oxitocina sintética, desprendimiento de membranas, rotura de bolsa, episiotomía, pujos dirigidos, separación inmediata de la cría para confirmar médicamente que “todo esté bien”. Catarata de medicalización.
Y ojo, de nuevo. Desconfiemos del discurso que presenta estas intervenciones como pura asistencia a la mujer, en este caso embarazada. Tal como exponen Florencia Carbajal y María Elena Ramognini en su libro La infertilidad como negocio, bajo la bandera de avances sobre la enfermedad y la muerte, las intervenciones biotecnológicas sobre nuestra sexualidad se justifican como técnicas de control y de intervención tanto sobre los cuerpos y su fisiología como sobre los saberes (2023, 15).
Y eso que ni estoy abriendo el universo de la violencia obstétrica, que María Elena Ramognini propone como forma de femicidio: “A diferencia de los femicidios, las violencias medicalizadas de la gineco-obstetricia no destruyen el cuerpo hasta la muerte física, sólo lo manipulan, torturan y mutilan, hasta la extinción de la confianza en sus procesos fisiológicos” (Ramognini, 2023, 86).
Generación hiper-cesareada
Por supuesto que la cesárea es un procedimiento médico que puede salvar vidas, y sin duda puede ser una instancia respetuosa y una forma de parir/nacer llena de amor.
¿Por qué lo traigo entonces como un ejemplo de medicalización y violencia de género? Porque las tasas de cesárea (en Uruguay y en el mundo) superan enormemente el porcentaje de casos en los que se considera que es necesaria para salvar vidas. Dicho con numeritos, la OMS considera que la cesárea es necesaria en un 10-15% de los partos/nacimientos, mientras que las tasas de cesárea son de 53% en Uruguay y 21% a nivel global.
El porcentaje altísimo de cesáreas es la consecuencia más evidente de la catarata de intervenciones médicas y socioculturales que interrumpen la sabiduría del cuerpo.
Dentro de ese contexto sociocultural, una mujer embarazada suele tener el siguiente razonamiento: “si el parto es una experiencia dolorosa y traumática, mejor dejar que el médico se encargue”.
Además, desde el punto de vista de quien asiste, un parto vaginal no se ajusta a los tiempos cronometrados de una institución médica: es impredecible y requiere un acompañamiento basado en la paciencia, la observación y la confianza en la mujer que está pariendo. Una cesárea, en cambio, se programa y se resuelve: chim, pum, fuera.
En este sentido, la cesárea “para facilitar” es uno de los ejemplos más claros de la medicalización de nuestra sexualidad como violencia de género: el cuerpo de la mujer es intervenido quirúrgicamente (cortando 7 capas de tejidos), no porque sea estrictamente necesario para su vida ni para la de su cría, sino porque es “más fácil” de gestionar para el equipo médico.
De forma similar, María Elena Ramognini analiza el fenómeno de la cesárea a pedido de la mujer embarazada: “Se presenta como una práctica emancipatoria, declaración de soberanía y voluntad, cuando en realidad, de no ser necesaria, implica la mutilación de un órgano vital. ¿Puede haber autodeterminación en la aceptación de las prácticas que nos limitan la vitalidad de la experiencia uterina, que mutilan el órgano más preciado?” (Romagnini, 2023, 100).
Lamentablemente los partos vaginales tampoco están libres de violencia de género. Pero hago hincapié en la sistematización de la cesárea por ser un ejemplo clave del patrón en cuestión: prescribir sistemáticamente una intervención médica ante una situación fisiológica, no patológica, de la sexualidad de una mujer.
No es casualidad, es diseño
Sería mucho más fácil que todo esto fuera “la culpa de algunos médicos malos”; pero la realidad es mucho más compleja. Como dice Laura Visco en su obra magistral sobre mujeres y dinero: “nada de esto es casualidad, es diseño”.
¿Diseño de qué? Del sistema patriarcal-capitalista en el que vivimos hace siglos basado en… intervenir para dominar todo lo que no sea un varón cis blanco de clase alta.
“Controlar la sexualidad de un mamífero es la pre-condición que posibilita la dominación de la especie. Con una sexualidad castrada, la especie se vuelve mansa, manipulable, predecible.” explica Florencia Carbajal en su artículo Cuidar la matriz frente a la matrix (2023, 27).
Y porque sé que es probable que mientras leías este artículo pasaras de tener la panza apretada del horror, a pensar “¿no estará exagerando un poco?”, quiero recordarte que esa duda también es diseño. Subestimar y naturalizar las infinitas formas de violencia hacia las mujeres que quedan en la parte oculta del iceberg es uno de los mecanismos más eficaces de la violencia de género.
Sí que existen formas de resistir
Toda esta realidad cotidiana es tan desgarradora suele dejarnos acorazadxs: paralizadxs, desesperanzadxs y convencidxs de que no hay forma de cambiarlo. Sin embargo, no solo es falso que no hay nada que hacer, sino que ese estado acorazado nos mantiene desconectadxs de la vida, y por ende de nuestro cuerpo, sexualidad y placer.
Así que quiero cerrar este artículo desgarrador con algunas formas bien concretas de resistencia y revolución:
Orgasmear, ovular, menstruar, orgasmear. Volver a orgasnear, volver a ovular, volver a menstruar, volver a orgasmear.
Recordar que nuestros cuerpos saben parir. Recordar cómo es parir.
Aprender a reconocer tu ventana fértil, junto a tu pareja, junto a tus amigas.
Perderle el miedo a tu fertilidad. Construir una relación de confianza con tu fertilidad.
Reconocerte fértil. Celebrar tu fertilidad contigo y con tus amigas.
Todas estas son formas sencillas y profundas de recuperar la soberanía de nuestra sexualidad y fertilidad.
Por favor, no las subestimemos. Por favor, volvamos a naturalizarlas.
Todas estas son formas sencillas y profundas de recuperar la soberanía de nuestra sexualidad y fertilidad. Por favor, no las subestimemos. Por favor, volvamos a naturalizarlas.
Nos deseo fértiles, sexuales e indomables.
Lu
Breve bibliografía directa
- Hill, S. E. (2019). This is your brain on birth control: The surprising science of women,
hormones, and the law of unintended consequences. Avery. - Rodrigáñez Bustos, C. (2007). Pariremos con placer: Apuntes sobre la recuperación del
útero espástico y la energía sexual femenina. Ediciones Crimentales. - Carbajal, F., & Ramognini, M. E. (2023). La infertilidad como negocio: Cuidar la matriz frente
a la matrix 2. Red Editorial. - Farías, C. (2020). Vivencias y significados de la cesárea para las mujeres que han pasado
por la experiencia [Tesis de maestría en Psicología Social, Universidad de la República].
Colibri.
https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/29399/1/Tesis%20de%20Mae
str%C3%ADa%20Far%C3%ADas%202020.pdf - Farías, C. (2023). Los profesionales de la salud frente a la cesárea. Un análisis psicosocial
de una relación compleja [Tesis de doctorado, Universidad de la República]. Colibri.
https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/50094/1/Farias_Carolina_TD.
Para profundizar:
- Para entender cómo funcionar tu ciclo y fertilidad: «Los 3 pilares de tu fertilidad» https://classroom.google.com/c/Nzk4MjkzMzI2Mjk5?cjc=c6mazy6f
- Para seguir leyendo más artículos escritos por Lu: https://luruggiafertilidad.substack.com/
